La nostalgia libertaria y el cinismo de la memoria selectiva. La Editorial por Antonio Araque
- Tony Araque
- hace 4 días
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En un ejercicio de amnesia colectiva verdaderamente pasmoso, sectores del movimiento libertario encabezaron una movilización que roza lo insólito: marchar en favor de los jubilados que aportaron al régimen privatizado de las AFJP. Bajo la bandera de la "defensa de la propiedad privada" y la "libertad de elección", la narrativa anarcocapitalista pretende rescindir el pasado y pintar el experimento privatizador de los años 90 como un paraíso de ahorro individual confiscado por la voracidad estatal.
Sin embargo, basta con desempolvar los archivos históricos de la década de 1990 para comprender que esta protesta no es un acto de justicia, sino un mamarracho ideológico que encubre uno de los saqueos más escandalosos de la historia financiera argentina.
La ilusión del mercado y la realidad del despojo
Durante el esplendor del dogma neoliberal menemista, las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) fueron vendidas como el triunfo definitivo del individuo sobre el Estado. Se prometió que cada trabajador sería el "dueño" de su futuro a través de la capitalización individual. Lo que nunca se explicitó en la propaganda publicitaria fue que el sistema no estaba diseñado para garantizar retiros dignos, sino para alimentar la codicia del sector financiero a costa de los ahorros de toda una vida.
La paradoja del modelo de capitalización argentino fue feroz:
1- Comisiones voraces e ilegítimas: En los primeros años del sistema, las AFJP llegaron a quedarse con hasta un 30% o 40% de los aportes mensuales de los trabajadores exclusivamente en concepto de "comisiones y seguros". Las administradoras cobraron las comisiones más altas del planeta, garantizándose ganancias astronómicas desde el primer día, sin importar si los fondos de los trabajadores ganaban o perdían dinero en los mercados.
2 - Defraudación contable y timba financiera: Cuando las cotizaciones bursátiles caían, la respuesta de las grandes administradoras no fue la prudencia. Investigaciones judiciales de la época sacaron a la luz maniobras de fraude institucional: cuando una operación de compraventa de bonos o acciones generaba ganancias, los ejecutivos la adjudicaban a la cartera propia de la empresa; cuando resultaba en pérdidas, se la imputaban al fondo de pensión compuesto por el dinero de los aportantes.
3 - Un Estado desfinanciado para rescatar al privado: Lejos de desligar al Estado del sistema previsional, el traspaso de los aportes a las AFJP desfinanció masivamente a la ANSES. Para cubrir ese agujero fiscal generado por el negocio privado, los gobiernos de turno tuvieron que subir impuestos al consumo (como el aumento del IVA) y emitir deuda pública que, paradójicamente, terminaban comprando las mismas AFJP. El "libre mercado" terminó viviendo del endeudamiento del Estado.
Al momento de su estatización en 2008, la rentabilidad real de los fondos era desastrosa y la proyección de los haberes jubilatorios para quienes habían aportado toda su vida al sistema privado representaba apenas una fracción marginal de sus últimos salarios. De no haber sido por la intervención pública y los haberes mínimos garantizados por el sistema solidario, millones de argentinos hubieran quedado condenados a la indigencia absoluta.
Reflexión final: El dogma contra la realidad
Que los libertarios salgan hoy a la calle a pedir "reparaciones" para las víctimas del sistema de las AFJP es una contradicción lógica devastadora. Reclaman por el "dinero robado", pero omiten deliberadamente que los primeros en robar e insolar los fondos de esos trabajadores fueron las corporaciones bancarias y las administradoras privadas amparadas por el propio dogma del mercado sin regulación.
La experiencia de las AFJP en la Argentina de los 90 no fue un caso de "capitalismo que no se aplicó bien", sino la demostración empírica de lo que sucede cuando los derechos fundamentales —como la seguridad social en la vejez— se entregan a la lógica del lucro y la especulación financiera. Defender ese modelo no es defender la libertad; es militar la memoria selectiva para justificar la estafa.
Asesor Previsional Prof. Antonio Araque





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