🔥 La CASTA PREVISIONAL sigue COBRANDO. La Editorial por Antonio Araque.
Hay noticias que no solamente generan indignación. Hay noticias que son una verdadera cachetada para millones de jubilados argentinos.
Mientras millones de adultos mayores hacen malabares para llegar a fin de mes, mientras muchos tienen que elegir entre comprar medicamentos o llenar la heladera, mientras el bono previsional continúa siendo motivo de discusión permanente y las jubilaciones mínimas siguen perdiendo poder adquisitivo, aparece una realidad que demuestra que, en la Argentina, hay jubilados de primera y jubilados de segunda.
Según se informó, ANSES volvió a pagar de manera provisoria una prestación a Cristina Fernández de Kirchner. El haber bruto correspondiente a agosto de 2026 fue de $16.090.877,01. Luego de los descuentos y de una retención del 20%, el monto neto estimado rondaría los $11,9 millones. El pago corresponde a una pensión derivada del fallecimiento del expresidente Néstor Kirchner y fue restablecido provisoriamente por una medida cautelar judicial.
Y acá aparece la pregunta que nadie quiere responder.
Dónde está la justicia previsional para los jubilados comunes
Porque para el jubilado de a pie todo parece ser cuesta arriba.
Expedientes que demoran.
Reclamos interminables.
Turnos.
Trámites.
Actualizaciones que no alcanzan.
Bonos que se anuncian como si fueran una solución definitiva, cuando en realidad terminan siendo un parche frente a una realidad cada vez más dura.
Pero cuando se trata de los poderosos, el sistema parece moverse con otra velocidad.
Y que nadie confunda esta editorial: acá no estamos discutiendo una orden judicial ni desconociendo que las sentencias deben cumplirse. ANSES, según la información publicada, restituyó provisoriamente el pago en cumplimiento de una medida cautelar, mientras continúa la discusión judicial de fondo y el organismo mantiene su reclamo ante la Corte Suprema.
Lo que estamos discutiendo es algo mucho más profundo.
La obscena desigualdad que existe dentro del sistema previsional argentino.
Porque mientras una persona puede recibir una prestación bruta superior a los 16 millones de pesos, millones de jubilados sobreviven con ingresos que apenas alcanzan para cubrir una parte de sus necesidades básicas.
Y entonces aparece la gran contradicción argentina.
Nos hablan de déficit.
Nos hablan de sustentabilidad.
Nos hablan de que no hay plata.
Nos hablan de sacrificio.
Pero siempre parece que el sacrificio tiene que hacerlo el mismo de siempre.
El jubilado.
El que trabajó toda su vida.
El que aportó.
El que construyó este país.
El que hoy tiene que mirar el precio de los remedios.
El que recorta gastos.
El que pide ayuda a sus hijos.
El que espera desesperadamente cada aumento para descubrir, una vez más, que la inflación ya se llevó una parte importante de lo que recibió.
Y mientras tanto, seguimos teniendo un sistema previsional con privilegios que resultan imposibles de explicar frente a la realidad cotidiana de millones de argentinos.
Porque una cosa es respetar el Estado de Derecho.
Y otra muy distinta es pedirle a la sociedad que acepte como normal que existan diferencias previsionales de semejante magnitud mientras millones de personas mayores viven en condiciones cada vez más precarias.
No puede haber una Argentina para los privilegiados y otra para los jubilados comunes.
No puede ser que el ajuste previsional siempre caiga sobre los mismos.
No puede ser que el jubilado tenga que conformarse con bonos congelados, aumentos insuficientes y promesas políticas, mientras los sectores de poder continúan discutiendo beneficios que están completamente alejados de la realidad del ciudadano común.
Y acá viene la pregunta más incómoda.
¿Cuándo vamos a discutir seriamente el sistema de privilegios en la Argentina?
Porque no se trata solamente de un nombre.
No se trata solamente de Cristina Kirchner.
Se trata de un sistema.
De una dirigencia política que, durante décadas, fue capaz de crear reglas diferentes para quienes ocupan lugares de poder y para quienes trabajan toda una vida.
Y después nos preguntamos por qué la gente está indignada.
La respuesta está a la vista.
Porque el jubilado común siente que siempre llega último.
Último para cobrar.
Último para recuperar lo perdido.
Último para que le resuelvan un expediente.
Último para recibir una respuesta.
Pero cuando hay privilegios en juego, la maquinaria del Estado y de la Justicia parece funcionar con una precisión mucho mayor.
Y eso, señores, es lo que indigna.
Esta no es solamente una discusión sobre una pensión.
Es una discusión sobre qué país queremos.
Un país donde el poder político tenga privilegios previsionales extraordinarios mientras los jubilados tienen que sobrevivir.
O un país donde el esfuerzo de toda una vida sea reconocido con una jubilación digna para todos.
Porque el verdadero escándalo no es solamente cuánto cobra una persona.
El verdadero escándalo es cuánto dejan de cobrar millones.
Y mientras la dirigencia política discute expedientes, privilegios y beneficios especiales, desde El Gurú Previsional vamos a seguir diciendo lo que muchos piensan y pocos se animan a decir:
¡BASTA DE JUBILADOS DE PRIMERA Y JUBILADOS DE SEGUNDA!
La jubilación no puede ser un privilegio.
La dignidad tampoco.
Y los millones de jubilados argentinos no pueden seguir siendo, una vez más, la variable de ajuste de todos los gobiernos.
Porque esta es una de esas editoriales que muchos prefieren no escuchar.
Pero alguien tiene que decirlo.
Y ÉSTE ESPACIO LO DICE CLARO: CUANDO SE TRATA DE PRIVILEGIOS, SIEMPRE APARECE LA PLATA. CUANDO SE TRATA DE LOS JUBILADOS, SIEMPRE APARECE UNA EXCUSA.
Asesor Previsional Prof. Antonio Araque





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