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El CRÉDITO a UN CLIC… y la JUBILACIÓN que DESAPARECE a OTRO. La Editorial por Antonio Araque.

31 ago
4 min de lectura

Hay noticias que, presentadas como un avance tecnológico, parecen una gran comodidad. Pero cuando uno las mira desde el bolsillo de un jubilado, la historia puede ser bastante diferente.


El Banco Central habilitó un mecanismo para facilitar el cobro de cuotas de créditos entre cuentas bancarias y billeteras virtuales, mediante un sistema denominado Cobro con Transferencia.


En palabras simples: una persona puede tomar un crédito y autorizar que las cuotas se debiten desde una cuenta bancaria o desde una billetera virtual vinculada.


Y acá aparece una de esas preguntas incómodas que nadie parece querer hacer.


Qué pasa cuando el que pide el crédito es un jubilado que ya no llega a fin de mes


Porque mientras algunos celebran la modernización del sistema financiero, millones de jubilados siguen haciendo cuentas para comprar medicamentos, pagar los servicios, cargar la SUBE y llegar con algo de dinero al final del mes.


Y cuando la jubilación no alcanza, aparece el crédito.


Primero parece una solución.


Después llega la cuota.


Y finalmente aparece el problema: una parte cada vez mayor de un ingreso que ya era insuficiente queda comprometida antes de que el jubilado pueda utilizarla para vivir.


¡Esa es la discusión que realmente deberíamos estar teniendo!


No estamos hablando solamente de tecnología.


Estamos hablando de personas mayores que, muchas veces, recurren a préstamos porque no tienen otra alternativa.


Porque nadie pide plata prestada para endeudarse por diversión.


Se pide porque falta.


Porque la jubilación no alcanza.


Porque los remedios aumentan.


Porque los alimentos aumentan.


Porque las tarifas pesan.


Y porque el famoso “ajuste” de los haberes muchas veces llega demasiado tarde para recuperar lo que el bolsillo ya perdió.


Ahora, el nuevo sistema establece que debe existir consentimiento explícito del usuario y también permite revocar posteriormente esa autorización.


Eso es importante.


También se establece que el prestamista debe informar previamente el cobro y que existen límites a los intentos de débito cuando no hay fondos disponibles.


Perfecto.


Son mecanismos que, en teoría, brindan determinadas protecciones.


Pero desde éste espacio queremos decir algo que quizás incomode:


LA PROTECCIÓN MÁS IMPORTANTE NO ES SABER CUÁNTAS VECES TE PUEDEN DEBITAR.

LA PROTECCIÓN MÁS IMPORTANTE ES QUE UN JUBILADO NO TENGA QUE ENDEUDARSE PARA PODER VIVIR.


¡Ahí está el verdadero debate!


Porque podemos tener la billetera virtual más moderna.


Podemos tener inteligencia artificial.


Podemos tener pagos automáticos.


Podemos tener créditos que se aprueban desde un teléfono celular.


Pero si el jubilado cobra y, antes de poder respirar, ya tiene comprometido parte de su haber para pagar deudas…


DE QUÉ PROGRESO ESTAMOS HABLANDO


La tecnología no es mala.


Las billeteras virtuales no son malas.


Los créditos tampoco son malos por sí mismos.


El problema aparece cuando el crédito deja de ser una herramienta para concretar un proyecto y se transforma en el salvavidas permanente de una persona que no puede cubrir sus necesidades básicas.


Y con nuestros jubilados esto merece una atención especial.


Porque estamos hablando de uno de los sectores más vulnerables frente al avance de la digitalización financiera.


Muchas personas mayores no comprenden completamente las condiciones de una aplicación.


No siempre distinguen entre una autorización temporal y una autorización para débitos futuros.


Y tampoco siempre tienen familiares que puedan ayudarlos a entender qué están aceptando.


Por eso, antes de aceptar cualquier crédito o vincular una cuenta para realizar pagos automáticos, hay que leer.


Hay que preguntar.


Hay que entender cuánto se va a pagar.


Cuántas cuotas son.


Cuánto dinero quedará realmente disponible después del vencimiento.


Porque el dinero digital se mueve rápido.


Pero las deudas también.


Y hay otra cuestión que nadie quiere escuchar.


Cuando una persona cobra poco y está endeudada, cada nuevo mecanismo que facilita el acceso al crédito puede convertirse en una solución momentánea… o en una nueva puerta hacia un problema mayor.


Porque pedir para pagar.


Y volver a pedir para cubrir lo que ya no alcanza.


Es una rueda peligrosa.


Una rueda de la que muchos jubilados no pueden salir.


Por eso, desde esta editorial no vamos a demonizar la tecnología.


Pero tampoco vamos a aplaudir automáticamente cada novedad financiera como si fuera una conquista social.


Porque para quien tiene dinero, la tecnología puede ser comodidad.


Pero para quien está desesperado, puede transformarse en una herramienta para endeudarse todavía más rápido.


Y esta es la editorial que nadie quiere leer:


NO ALCANZA CON FACILITAR EL COBRO DE LAS DEUDAS.

HAY QUE GARANTIZAR QUE LOS JUBILADOS TENGAN INGRESOS SUFICIENTES PARA NO NECESITAR ENDEUDARSE PARA COMER, MEDICARSE Y PAGAR SUS CUENTAS.


Esa debería ser la verdadera prioridad.


Porque ningún sistema digital reemplaza a una jubilación digna.


Ninguna billetera virtual reemplaza el poder adquisitivo perdido.


Y ningún crédito debería convertirse en la única forma que tiene un jubilado para sobrevivir hasta el próximo cobro.


Que la tecnología avance está bien.


Pero que la jubilación alcance para vivir… eso debería avanzar mucho más rápido.


Porque alguien tiene que escribir lo que muchos piensan…


aunque a algunos no les guste leerlo.


Asesor Previsional Prof. Antonio Araque.



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